Seleccionar página

En Cuba sufre todo el pueblo cubano. Sufren la peor crisis y, en el momento crítico, llega un duelo que comenzó ayer con la muerte de monseñor Siro González Bacallao. Lo conocían como “el obispo cercano a su pueblo”, el propio con olor a oveja, como los prefiere el papa Francisco.  Tenía 90 años y 67 como sacerdote, sembrado en Cuba y entre su pueblo. La diócesis de Pinar del Río, por decir lo menos, amaba a su obispo. 

El hombre que repensó la Iglesia

En la mañana del lunes 19 de julio de 2021, partió al encuentro con Dios. Ciertamente, él repensó la Iglesia cubana y, tan sólo por ese servicio, jamás monseñor Siro desaparecerá del recuerdo de su Iglesia. Nació en el municipio de Candelaria, provincia de Artemisa, Diócesis de Pinar del Río, el 9 de diciembre de 1930 en el seno de una familia pobre pero rica en fe.

Los medios que siguen el proceso cubano  se refieren a él como un promotor de  “su Santísima Trinidad frente a la barbarie, sin alzar la voz, con la delicadeza inteligente de los campesinos cubanos, portadores de virtudes rara avis: honradez, coherencia, respeto y fraternidad», como escribió Carlos Cabrera Pérez en CiberCuba.  En efecto, puso a la Iglesia Católica a pensar y mantuvo en vilo al castrismo con iniciativas como el Centro de Formación Cívica y Religiosa de Pinar del Río, la revista Vitral y la Hermandad de presos, entre otras iniciativas que generaron incomodidad en el poder.

Simplemente Siro

Combatió al monólogo totalitario que pretendía ser la dictadura castrista a través de ese centro que sería  la respuesta más inteligente a la Batalla de ideas, promovida por Fidel Castro.  Le decían, simplemente, Siro y así como sencillo era su nombre, sutiles eran sus maneras. No necesitaba la estridencia porque bastaba con su contundencia. Fue valiente y constante evangelizador que puso en jaque, tanto a comunistas como a conservadores de la iglesia cubana.

Tampoco tuvo que alzar la voz pues su prédica y ejemplo se imponían  y, como escribe Cabrera Pérez, “los empobrecidos y desamparados, desde Guanajay hasta el Cabo de San Antonio, sabían que podían contar con su pastor que, habiendo hecho votos de pobreza, jamás comulgó con la práctica totalitaria de reducir los ciudadanos a súbditos, en nombre de una politizada humildad”.

La vida de este pastor ha estado caracterizada por la entrega y la perseverancia a pesar de las duras pruebas que tuvo que enfrentar. “Su recuerdo – apunta Julio Pernús, laico estrechamente vinculado a la Iglesia en Cuba- está también precedido por el acompañamiento al pueblo cubano en momentos difíciles y el apoyo a un laicado que se atrevió a denunciar desde la revista Vitral y el Centro de Formación Cívica Católica las injusticias sociales que se sucedían en la Isla”.

Emblema del episcopado

La Conferencia de Obispos Católicos de Cuba emitió una carta donde habló así de él: “Tuvo una “trayectoria de vida y de ministerio sacerdotal y episcopal [que] todos conocemos y valoramos por la calidad humana y fraterna, paternal, generosa y sacrificada, muy cubana y muy eclesial que siempre le caracterizó”.

El Obispo de Holguín, Emilio Aranguren Echeverría presidente de la Conferencia de Obispos Católicos en Cuba (COCC), se dirigió a “tantos católicos pinareños y artemiseños que, desde otras tierras, hoy lloran y elevan su oración por el eterno descanso de tan querido pastor”. El Obispo de Holguín  y presidente de la Conferencia de Obispos Católicos en Cuba (COCC), escribió a su homólogo en Pinar del Río, Mons. Juan de Dios Hernández: “Queremos hacerte llegar nuestra fraternal cercanía y (…) a todos cuantos integran la Iglesia Diocesana de Pinar del Río: sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas, seminaristas y a todos los fieles laicos, de modo particular a aquellas comunidades donde el P. Siro, como sacerdote, ejerció su ministerio pastoral y con las cuales estableció un fuerte vínculo paterno y afectivo”.

Y es que fue un valiente, de los obispos impulsores de la Reflexión Eclesial Cubana que preparaba a la Iglesia para el Encuentro Nacional Cubano (ENEC) en 1986 y años más tarde del (ECO) a los 10 años del (ENEC). Fue un emblema del episcopado cubano.

Quiso ser fraile pero…

A los 12 años quiso ser fraile. Pero un superior visionario le señaló el camino del sacerdocio diocesano donde, con el tiempo, se probaría su reciedumbre de pastor y su coraje de cubano patriota. Se formó en el Seminario dirigido por el legendario cardenal Arteaga.

Cuando se entroniza la revolución castrista, expulsan sacerdotes, cierran escuelas y universidades, prohíben construir templos, con lo que comienza uno de los períodos más oscuros para la Iglesia en Cuba. Muchos sacerdotes, religiosos y laicos se van espontáneamente. Pero no el padre Siro, quien, según relato de quienes siguieron su vida, “en 1966 el P. Siro trasladaba su trabajo pastoral al campo y se dedicaba durante casi 7 años (de 1966 a 1973) a sembrar tabaco, arroz, frijoles y viandas en la vega de Pancho Ravelo, un laico de la comunidad de San Juan y Martínez y al que consideraba su gran amigo. Allí podían encontrarlo de lunes a viernes, y los sábados y domingo atendía las pocas labores pastorales que era posible realizar”.

El Papa Juan Pablo II lo eligió obispo de la Diócesis, ordenado el 16 de mayo de 1982. En ese entonces la diócesis contaba con 11 sacerdotes y 7 religiosas. Y allí estuvo hasta noviembre del 2006, cuando el Papa Benedicto XVI aceptó su renuncia a la edad de 77 años. En Pinar del Río vivió hasta el final, entre los suyos y con la misma humildad y sencillez que caracterizó su vida sacerdotal.

La bendición desde el aire

Uno de los momentos más relevantes –cuenta Pernús- de su período como pastor de esta grey fue la visita del Papa Juan Pablo II a Cuba, quien accedió a su pedido de sobrevolar bendiciendo nuestra diócesis el 21 de enero de 1998 al llegar a tierras cubanas. Monseñor Siro logró recoger 118. 700 firmas de petición entre los pinareños.

Este prolífico pastor creó seminarios, centros de formación misioneros, Escuelas de Verano para Catequistas, incorporó comunidades religiosas femeninas al servicio pastoral en Pinar del Río, la construcción de la Casa Diocesana Nuestra Señora de Loreto, entre otras labores, nacieron durante sus años de pastoreo en suelo pinareño.

La gente en Cuba sabe que él se fue con ellos en el corazón y que desde el cielo seguirá animando a los suyos para construir la patria amada, inclusiva, libre y confiada que todos anhelan. Si bien es tarea de titanes, él probó que se puede ser un titán de la libertad, aún en la Cuba sufrida y oprimida donde siguen dando la batalla los que en vida siempre llamó: “Hijitos”.

Suscríbete

Recibirás nuevas noticias en tu correo sobre nuestra fe Católica y conocerás sobre nuestras promociones evangelizadoras.

Agradecemos que te suscribas a Palabra Divina