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¿Cual es el verdadero propósito de las misas para difuntos?

¿Cual es el verdadero propósito de las misas para difuntos?

¿Quién encarga una misa por un fallecido está obligado a participar en ella? Esta cuestión le llegó al padre Cido Pereira, de la arquidiócesis brasileña.

El sacerdote respondió así al lector que le había planteado esta duda:

“¿Es equivocado programar una misa por un fallecido y no participar en la celebración? Silvio Roberto, de Jundiaí, me envió esta bella pregunta.

Pues bien: es costumbre de muchos católicos entregar una lista de 20, 30 nombres de fallecidos o dictar por teléfono los nombres y no ir a misa. Es como un tipo de subcontratación extraña cuando se vuelve un hábito. Pero es una costumbre también muy bonita cuando se encomienda una Misa Gregoriana, que consiste en la celebración de 30 misas consecutivas por un alma, con o sin la presencia física de quien las encomendó.

También hay muchas personas que, sabiendo que somos católicos más fieles, piden nuestras oraciones por ellas. Cuando me lo piden, me gusta decirles: rezo, sí, pero tú también intenta rezar».

Misa por un fallecido

El padre Cido prosigue:

“Ahora, hermano mío, en este tiempo de pandemia, las personas mayores o con alguna enfermedad pueden, sí, pedir misas y asistir a ellas a través de los medios sociales. La participación en la misa es importante porque rezamos en común, en comunidad, y alimentamos nuestra fe con el Pan de la Palabra y de la Eucaristía.

Aprovecho para decir que la pequeña contribución que vas a dar en la colecta o cuando encomiendes la misa en un gesto de amor a tu comunidad, en tu nombre o en nombre del fallecido. Sin embargo eso nunca se debe exigir como condición para que se celebre la misa.

Permanece con Dios, hermano mío».

Su fe lo guio a poseer la medalla de oro

Su fe lo guio a poseer la medalla de oro

Tan pronto terminó la exigente prueba en la que solo fue superado por el bahameño Steven Gardiner, Antony se arrodilló en la pista atlética del Estadio Olímpico de la capital japonesa, se persignó y buscó el camerino para llamar a Colombia a su madre, Miladys Zambrano, dedicarle el subcampeonato por su próximo cumpleaños y hablar sobre su fe.

Ante las cámaras del Canal Caracol, Zambrano mostró el revés de su número como competidor y compartió un conmovedor mensaje: “Te amo mamá # 12. Tu regalo de cumpleaños. Gracias Dios por todo”.

Luego dijo que estaba feliz por darle la cuarta medalla a la delegación colombiana en los Juegos Olímpicos y de servir como ejemplo a las nuevas generaciones de su país porque, anotó, “sí se puede salir adelante cuando se tiene disciplina, dedicación y esfuerzo, te entregas todo y te entregas a Dios”.

Hasta tuvo que correr descalzo

Este joven nacido en Maicao, un municipio en la frontera con Venezuela, empezó su trayectoria participando en pruebas colegiales en las que a veces tuvo que correr descalzo o con zapatillas no aptas para el atletismo, y en en muchas ocasiones doblegó a rivales con mejor indumentaria.

Fue en Barranquilla, en el norte de Colombia, donde Anthony tuvo que trabajar como bicitaxista, albañil y mecánico de carros para ayudar a su sostenimiento y el de su madre. Allí, mientras estudiaba el bachillerato, se apasionó por el fútbol, pero al final se inclinó por las pruebas atléticas en pista, en especial los 400 metros planos individuales y la de 4 x 400.

Una fe forjada en el hogar

El medallista le comentó a periodistas colombianos y extranjeros que siempre, para cada una de sus cosas, da gracias a Dios, se esfuerza mucho en todas sus actividades, pero que le pide “que no me dé mas ni menos de lo que merezco”.

Esa fe la heredó de su madre que desde pequeño le enseñó a orar y “a poner en manos de Él todas nuestras actividades por pequeñas que sean”. También reveló que su mamá siempre rezaba por él antes de cada competencia y que al regresar a casa la encontraba orando y dando gracias a Dios.   

En entrevista con AleteiaMiladys Zambrano afirmó que, gracias a su fe, ella y su hijo lograron superar dificultades de todo tipo.

“Soy una madre soltera y sin recursos económicos que buscaba el día a día para sobrevivir, pero que siempre se encomendaba a Dios. Y gracias a Él nunca nos acostamos sin comer porque siempre aparecía un ángel que nos ayudaba”.

Dios y su hijo

Al hablar sobre el fervor religioso de su hijo, señala que desde que era niño Anthony la veía todas las noches dando gracias y poniendo en manos de Dios todo lo que hacían. Por eso, esta joven mujer no duda en señalar: “Nunca nos ha faltado nada, siempre hemos recibido con bendiciones lo que Dios nos ha querido dar. Fue Él quien me ayudó a sacar a mi hijo adelante”.

Las oraciones fueron decisivas para fortalecer el ánimo de su hijo antes de los Juegos Olímpicos y en las horas previas a la competencia final. En medio de la algarabía de vecinos, amigos y periodistas que invadieron su pequeño apartamento para festejar la victoria, la señora Zambrano relató que encomendó a su hijo al Señor de los Milagros, de Buga, a quien visitó recientemente, para “pedirle que le diera fuerza en sus pulmones y pudiera conseguir lo que él tanto anhelaba y que hoy nos ha concedido”.

Oración antes de la prueba final

También contó que con un grupo de vecinas rezaron con devoción el rosario y que días antes de la prueba final, varios amigos hicieron cadenas de oración en las que pidieron bendiciones. Su testimonio sobre esos momentos en compañía de unos cuantos allegados es emotivo: “Todos los días decíamos: ‘Dios mío, en tus manos te pongo esta necesidad. Tú eres el que va a decidir si conviene o no’, y así ocurrió porque hoy el Señor nos ha regalado una medalla de plata que vale oro y uno oro que son bendiciones”.

El regreso del deportista a Colombia no está definido. Lo que sí está acordado es continuar con la tradición de madre e hijo de ofrecer una misa de agradecimiento a Dios después de una gran competencia, sin importar si hubo victoria o derrota.

Es posible recuperar la paz que la pandemia nos quitó

Es posible recuperar la paz que la pandemia nos quitó

Hoy, en este tiempo de pandemia, las emociones están a flor de piel. Quizás me he quedado algo tocado después de este año en el que he visto que no soy inmortal.

Yo pensaba que sí, que la vejez nadie podría arrebatármela. Pero ahora veo que no tengo asegurada una muerte siendo ya viejo, como corresponde, al final de una larga vida.

Puede sorprenderme la muerte. Veo que soy vulnerable y puede que el final de mis días llegue antes de lo previsto.

Y entonces el tiempo comienza a ser relativo y al mismo tiempo más valioso que el oro. Dejo de perderlo, lo gano, lo retengo, lo vivo.

Y tengo cuidado con lo que elijo, con mis decisiones, con la forma como hago las cosas.

Sé que estamos más sensible, más fácilmente emocionable y noto que cualquier cosa me importa y afecta.

Quizás guardo en el alma rabia, o rencor por las heridas recibidas. Quizás me siento resentido.

Mis comentarios dejan de ser fríos y objetivos. He guardado rencores de forma innecesaria y lo que digo es con dolor.

Me molestan más que antes ciertas cosas. Tengo menos tolerancia con los errores e imprudencias de los que me rodean.

Juzgo más los comportamientos de mis hermanos. Tengo menos misericordia con el que no ha actuado bien según mi parecer, así lo he decidido.

Vivo emitiendo juicios y opiniones, quizás más que antes. Tal vez la vida me ha vuelto más sensible y tengo la piel muy rota.

Me importa todo lo que veo, todo lo que me dicen, todo lo que los demás hacen. Me afectan las noticias que escucho, me impactan, tengan que ver o no conmigo.

Incertidumbre, ansiedad, dolor constante

Tengo menos paciencia con los que no actúan con rapidez, esa virtud tan anhelada. Y pasan los días dejando su rastro en mi piel en forma de un dolor constante.

Me cuesta conciliar el sueño cada noche y no logro vivir con una sonrisa permanente en los labios.

Tengo el miedo metido en el cuerpo y la inquietud de vivir esta vida incierta. Palpo esa incapacidad constante para vivir con paz.

¿Es así mi alma cuando miro hoy muy dentro? ¿Son estos mis dolores y angustias, son estos mis pesares?

¿No podría ser todo más claro?

uede que las cosas no sean blancas o negras cuando intento mirarlas con objetividad. Los matices me incomodan porque me llevan a tierra de nadie.

No puedo condenar con liviandad. No puedo canonizar tampoco sin temer que no sea todo como lo veo.

Quisiera que todo fuera sí o no. Vida o muerte. Verdad o mentira. Posible o imposible. Mandado o prohibido. Y ya está, todo claro. Porque así sin dudas es más fácil recorrer mis días.

No sé yo contestar en tonos grises. ¿Qué respuestas doy a tantos interrogantes abiertos que me plantean?

Vuelvo la cara al cielo y busco el descanso, o en la noche intento seguir caminando para no detener mis pasos.

No importa el tiempo que pase entre un día y el siguiente. No quiero perder la vida haciendo lo que no sueño.

Quiero escribir sobre el blanco las letras de mi camino, las notas de mi canción, la eterna y suave melodía que evoca sueños dormidos, dentro de mí.

Quiero ser feliz, ¿no es eso lo que todos desean? Leía el otro día:

«¿Es la felicidad la gran aspiración de toda persona? La felicidad placentera es algo puntual. La felicidad estructural habla de algo permanente. La mente es la responsable de fabricar la emoción. Toma el control de tu vida».

Elegir la esperanza


Quisiera gobernar mi vida o pedir ayuda para poder hacerlo. Dejar fuera de mí lo que me incomoda.
Borrar esos rencores que no me dan alegrías. Acabar con los juicios que envenenan mi ánimo.
Decir cosas bonitas y reírme un poco de todo. Vender esperanzas a buen precio y regalar amaneceres. Esa esperanza que muchos ya han perdido…
En mi mano está el poder elegir lo que me construye por dentro. Lo que elimina lo más tóxico de mis relaciones y planteamientos.
Porque en mi forma de vivir encuentro a menudo comportamientos enfermizos. Quiero que Dios acabe con mis adicciones y dependencias. Libere mi alma para que mire al cielo con alegría profunda.

Dios dará vida

Paul shuang | Shutterstock

Tengo tantas palabras dentro de mí que para escribirlas todas necesitaría más vidas. Despierto a los dormidos y levanto a los cansados.

Es fácil subir un monte, aunque parezca imposible. Puedo comenzar de nuevo aunque nadie crea en mi suerte.

Nada está dicho cuando aún no ha sucedido. Sé que Dios tiene la última palabra. Y las sonrisas más tiernas son las de los niños que no han sufrido.

Llevo dentro de mi piel escondido un canto. Que lo compuso un ángel mientras yo dormía.

No me aventuro en mares sin contar con la mano amiga de Dios sobre mi hombro. Y confío en que la tarde dará paso a la vida.

No lograré dejar de sentir. Porque las emociones son parte de mi alma, de mi historia. No quiero pasar de puntillas por este mundo, sin dejarme el corazón hecho jirones.

Dios sabe que la mejor historia es la del que ama. El mejor sueño el del que no se busca a sí mismo y vuela lejos.

El mejor corazón es siempre el que está más abierto y roto, dispuesto a dejarse amar y a amar hasta el extremo.

San Ignacio y sus 8 reglas para diferenciar bien y mal

San Ignacio y sus 8 reglas para diferenciar bien y mal

Mientras se encontraba postrado por una lesión grave, san Ignacio de Loyola comenzó a preguntarse sobre el estado de su propia alma y los diferentes sentimientos que experimentaba al tomar decisiones. Escribió la siguiente revelación en su autobiografía (escrita en tercera persona).

Mas no miraba en ello, ni se paraba a ponderar esta diferencia, hasta en tanto que una vez se le abrieron un poco los ojos, y empezó a maravillarse desta diversidad y a hacer reflexión sobre ella. Cogiendo por experiencia que de unos pensamientos quedaba triste, y de otros alegre, y poco a poco viniendo a conocer la diversidad de los espíritus que se agitaban, el uno del demonio, y el otro de Dios.

Esta revelación le acompañó durante el resto de su vida y fue desarrollada más extensamente en sus Ejercicios espirituales.

Conocer el propio interior

En esta obra pudo ofrecer una serie de normas concretas para llevar una vida espiritual que ayude a un alma perturbada a discernir los movimientos o “mociones” de su corazón y descubrir si vienen influidos por un espíritu maligno o benigno.

Desde entonces muchos han encontrado consuelo en sus reglas y las revisan regularmente para comprender mejor los movimientos de Dios en su alma. Aquí están las ocho reglas que san Ignacio da en sus Ejercicios espirituales.

Primera regla

Proprio es de Dios y de sus ángeles en sus mociones dar verdadera alegría y gozo spiritual, quitando toda tristeza y turbación, que el enemigo induce; del qual es proprio militar contra la tal alegría y consolación spiritual, trayendo razones aparentes, sotilezas y assiduas falacias.

Segunda regla

Sólo es de Dios nuestro Señor dar consolación a la ánima sin causa precedente; porque es propio del Criador entrar, salir, hacer moción en ella, trayéndola toda en amor de la su divina majestad. Digo sin causa, sin ningún previo sentimiento o conoscimiento de algún obiecto, por el qual venga la tal consolación mediante sus actos de entendimiento y voluntad.

Tercera regla

Con causa puede consolar al ánima así el buen ángel como el malo, por contrarios fines: el buen ángel, por provecho del ánima, para que cresca y suba de bien en mejor; y el mal ángel para el contrario, y adelante para traerla a su dañada intención y malicia.

Cuarta regla

Proprio es del ángel malo, que se forma sub angelo lucis, entrar con la ánima devota, y salir consigo; es a saber, traer pensamientos buenos y sanctos conforme a la tal ánima justa, y después, poco a poco, procura de salirse trayendo a la ánima a sus engaños cubiertos y perversas intenciones.

Quinta regla

Debemos mucho advertir el discurso de los pensamientos; y si el principio, medio y fin es todo bueno, inclinado a todo bien, señal es de buen ángel; mas si en el discurso de los pensamientos que trae, acaba en alguna cosa mala o distrativa, o menos buena que la que el ánima antes tenía propuesta de hacer, o la enflaquece o inquieta o conturba a la ánima, quitándola su paz, tranquilidad y quietud que antes tenía, clara señal es proceder de mal spíritu, enemigo de nuestro provecho y salud eterna.

Sexta regla

Quando el enemigo de natura humana fuere sentido y conoscido de su cola serpentina y mal fin a que induce, aprovecha a la persona que fue dél tentada, mirar luego en el discurso de los buenos pensamientos que le truxo, y el principio dellos, y cómo poco a poco procuró hacerla descendir de la suavidad y gozo spiritual en que estaba, hasta traerla a su intención depravada; para que con la tal experiencia conoscida y notada, se guarde para adelante de sus acostumbrados engaños.

Séptima regla

En los que proceden de bien en mejor, el buen ángel toca a la tal ánima dulce, leve y suavemente, como gota de agua que entra en una esponja; y el malo toca agudamente y con sonido y inquietud, como quando la gota de agua cae sobre la piedra; y a los que proceden de mal en peor, tocan los sobredichos spíritus contrario modo; cuya causa es la disposición del ánima ser a los dichos ángeles contraria o símile; porque quando es contraria, entran con estrépito y con sentidos, perceptiblemente; y quando es símile, entra con silencio como en propia casa a puerta abierta.

Octava regla

Quando la consolación es sin causa, dado que en ella no haya engaño por ser de solo Dios nuestro Señor, como está dicho, pero la persona spiritual, a quien Dios da la tal consolación, debe, con mucha vigilancia y attención, mirar y discernir el propio tiempo de la tal actual consolación, del siguiente en que la ánima queda caliente, y favorescida con el favor y reliquias de la consolación passada; porque muchas veces en este segundo tiempo por su propio discurso de habitúdines y consequencias de los conceptos y juicios, o por el buen espíritu o por el malo forma diversos propósitos y paresceres, que no son dados inmediatamente de Dios nuestro Señor; y por tanto han menester ser mucho bien examinados, antes que se les dé entero crédito ni que se pongan en efecto.

Conoce el perdón de Asís

Conoce el perdón de Asís

Te pido que todos los que, arrepentidos y confesados, vengan a visitar esta iglesia, obtengan amplio y generoso perdón, con una completa remisión de todas las culpas”.

El corazón generoso de san Francisco no duda sobre la petición que le hizo a Cristo y a la Virgen, que se le aparecieron mientras estaba rezando en la Porciúncula.

Fue una noche del año 1216, y el Salvador y su Santísima Madre refulgieron en la luz que ilumina de repente el altar, rodeados por un coro de ángeles.

El pobrecillo de Asís, que se despoja de todo y se humilla en todo, no tiene dudas ante el papa Honorio III: Jesús mismo le pidió que se dirigiera a su vicario en la tierra, que en aquel momento se encontraba en Perugia.

“Lo que pides, oh fray Francisco, es grande – le había dicho el Señor en la visión de la Porciúncula – pero aún eres digno de cosas mayores y las tendrás. Acojo por tanto tu oración, con la condición de que tú pidas a mi vicario en la tierra, de mi parte, esta indulgencia”.

Ocho siglos de misericordia

A la pregunta del pontífice: “Francisco, ¿durante cuántos años quieres esta indulgencia?”, el santo respondió: “Padre Santo, no pido años, sino almas”.

Y feliz, el 2 agosto de 1216, junto a los obispos de Umbria, anuncia al pueblo reunido en la Porciúncula: “¡Hermanos, quiero enviaros a todos al Paraíso!”.

El relato de las fuentes franciscanas ilustra, con una viveza que los siglos no han oscurecido, el origen del «Perdón de Asís «, una indulgencia plenaria que puede ser obtenida para uno mismo y para los difuntos, desde el mediodía del 1 de agosto hasta la medianoche del 2 de agosto por los fieles que observen algunas condiciones visitando una iglesia: confesarse, comulgar, rezar por las intenciones del papa, recitar el Credo y el Padrenuestro.