Los cristianos estadounidenses están ayudado en la recaudación de fondos utilizados para restaurar una antigua iglesia en Cisjordania, que se cree que es el lugar de nacimiento de Jesucristo, que alguna vez estuvo en una lista de las Naciones Unidas de sitios del patrimonio mundial.
La Iglesia de la Natividad en Belén no solo es un destino turístico popular para los peregrinos cristianos que visitan Tierra Santa, sino que fue nombrada Patrimonio de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) en 2012.
Anteriormente figuraba en la Lista de la UNESCO de Patrimonio Mundial en Peligro, debido a un «mal estado de conservación», antes de su eliminación en 2019.
Terminada alrededor del año 565, la iglesia no ha sido renovada en gran medida desde 1480 y estaba en peligro de derrumbarse. Pero en los últimos años, la iglesia ha sido objeto de varios proyectos de restauración en su techo, fachadas, mosaicos y puertas gracias a las contribuciones de donantes de todo el mundo.
«La Iglesia de la Natividad es un tesoro de historia y de fe», dijo Mazen Karam, director gerente y director ejecutivo de la Fundación para el Desarrollo de Bethlehem, en un comunicado enviado a Christian Post. «Hemos hecho un gran progreso y esperamos completar el trabajo para devolver este tesoro al mundo».
EEUU es mayor donante
El BDF lanzó una organización no gubernamental sin fines de lucro llamada American Friends of the Bethlehem Foundation (AFBDF) en 2018. Juntos, los grupos han recaudado aproximadamente 30 millones de dólares en los últimos ocho años para restaurar la iglesia. Gran parte de esa financiación proviene de donantes estadounidenses.
«Los cristianos en los Estados Unidos tienen un amor entusiasta por la Ciudad Santa de Belén», dijo el presidente de la AFBDF, George Salem. «Estamos encantados con el gran apoyo de nuestros amigos estadounidenses y su compromiso de ayudar a revitalizar la Iglesia de la Natividad».
BDF y la AFBDF han ayudado a financiar la restauración de las fachadas externas, un mosaico de pared, puertas de basílica, yeso interno, las últimas 11 columnas de la nave central, el nártex, arquitrabes de madera y sistemas de iluminación y detección de humo instalados.
Las organizaciones tienen otros planes para impulsar el proyecto, que incluyen la consolidación de los muros de la iglesia contra la actividad sísmica, el revestimiento del piso con piedra y mármol, la restauración de losas de piedra en el patio delantero y la instalación de sistemas de extinción de incendios y microclimáticos.
«Estamos comprometidos a restaurar la Iglesia de la Natividad a su antigua gloria», dijo Samer Khoury, presidente del consejo de administración de BDF.
«Pero nuestro compromiso con Belén es mucho más; estamos apuntando a iniciativas sostenibles y proyectos comunitarios, con la esperanza de restaurar algo de paz, amor y alegría a la gente de Belén».
Hoy, 27 de septiembre, la Iglesia católica celebra al Patrono de las obras de caridad y fundador de la Congregación de la Misión (vicentinos) y de las Hijas de la Caridad (vicentinas): San Vicente de Paúl, sin duda una de las figuras más representativas del catolicismo francés del siglo XVII.
Vicente de Paúl de Moras nació en Francia en 1581, en el seno de una familia de campesinos. Dos localidades se disputan aún hoy el lugar de su nacimiento: la aldea de Pouy, que, desde el siglo XIX, se llama Saint-Vincent-de-Paul en su honor; y Tamarite de Litera, donde nacieron sus padres.
De adolescente fue enviado al colegio de los franciscanos en la próspera ciudad de Dax, donde se entregó de lleno a los estudios. Allí también, años después, recibiría la tonsura y las órdenes menores, para luego ingresar a la universidad de Toulouse, donde estudiaría teología. Su padre, antes de fallecer, destinó que sus bienes sirvieran para pagar el resto de su educación, aunque al final el joven Vicente tomó la decisión de renunciar a la herencia y vérselas por sí mismo, de manera que empezó a trabajar como profesor en un colegio.
Fue ordenado sacerdote en 1600 con tan solo diecinueve años, e inmediatamente el obispo, dada la madurez del novel sacerdote, quiso encargarle una parroquia que, sin embargo, no llegaría a asumir por su corta edad -el código de derecho canónico le impedía asumir tal responsabilidad-.
El P. Vicente de Paúl renunció a cualquier posible cargo y prefirió continuar sus estudios. Para lograrlo, sabía que necesitaba dinero y que estaba completamente desprovisto de fortuna. Fue entonces que recibió una sorprendente noticia: una dama muy anciana de Toulouse le había dejado una herencia. Para cobrarla, Vicente debía ir rumbo a Marsella. Lamentablemente, cuando se embarcó de regreso, el barco en el que viajaba fue atacado por un grupo de piratas turcos y Vicente fue hecho prisionero.
Varios de sus biógrafos dan cuenta de que fue vendido como esclavo y que estuvo al servicio primero de un pescador, luego de un médico y finalmente de un cristiano apóstata, exfraile franciscano. A este último, Vicente logró devolverlo a la fe cristiana -aquel hombre había adoptado el Islam- y con su ayuda pudo regresar a París.
Después de retomar el ejercicio sacerdotal, Vicente fue nombrado párroco, pero tuvo que pasar por abundantes penurias económicas. Providencialmente, a través de un amigo suyo, consiguió un empleo como preceptor de los hijos de una ilustre familia lugareña. Es en estas circunstancias de necesidad como Vicente empieza a decantar con más profundidad el Evangelio y las exigencias propias de la vida cristiana. El P. Vicente se propuso pagar con amor todo el amor que había recibido, y quiso hacerlo de manera especial con los más necesitados.
El P. Vicente empezó a estar más disponible para atender moribundos, a los abandonados y enfermos. Empezó a frecuentar lugares remotos con el propósito de atender a quien lo requería. Sabía muy bien que Dios en su ternura no podía olvidarse del más necesitado.
Su experiencia de vida al servicio del Señor le infundió en el corazón el deseo de organizar una congregación que se ocupase de administrar principalmente obras de caridad. Así, Vicente fundó la Congregación de la Misión. Ser misionero para él era algo que solo podía sostenerse en la oración dedicada y constante. Su tiempo como preceptor y la buena formación teológica que recibió lo inspiraron para que los miembros de la nueva congregación se dediquen también a la formación del clero. Después, junto a Santa Luisa de Marillac, fundaría la Compañía de las Hijas de la Caridad. Para San Vicente, además de la oración, era importantísimo el cultivo de la humildad. Esta debería ser la primera virtud y cualidad de los sacerdotes misioneros.
San Vicente conoció a San Francisco de Sales, obispo, quien le encargó la capellanía de las visitandinas (Orden de la Visitación) de París, y la dirección espiritual de Santa Juana de Chantal. Asimismo, se desempeñó como consejero de autoridades y gobernantes.
Vicente fue un verdadero amigo de los desposeídos y un celoso apóstol de su tiempo. Partió a la Casa del Padre el 27 de septiembre de 1660.
Hay demasiado ruido a mi alrededor, sonidos que distraen mis pensamientos, sonidos que se repiten una y otra vez y casi sin darme cuenta los acepto, los tolero y se vuelven parte de mi diario vivir. Qué necesario es el silencio en estos días donde hay exceso de ruido informativo, nuestra vida está inundada de comerciales estruendosos, parece que se aprovecha el mínimo silencio para detonar cualquier ruido.
No cabe duda que estamos viviendo un desastre ecológico y auditivo. Para muchas personas es muy estresante el silencio, sienten que les hace falta “algo”, se han acostumbrado a vivir con televisiones encendidas, música todo el tiempo o quienes les acompañan en sus actividades diarias son las voces de los noticieros y programas de entretenimiento.
Sé de personas que duermen o eso intenta hacer su cerebro mientras está encendido algún aparato electrónico. Muchas personas han dejado de entender lo valioso y los grandes beneficios que nos da el silencio. Quienes vivimos en enormes ciudades y en ocasiones tenemos la fortuna de visitar algún lugar tranquilo, valoramos el sonido del viento, el movimiento que producen las ramas de los árboles, el trinar de los pájaros, si bien es cierto, no es silencio en su totalidad pero es la voz de la naturaleza.
Y en un instante aparece esa calma tan anhelada. Momento en el que surge una reflexión por el hecho de estar ahí, como la quietud produce el encuentro, es la ausencia de sonidos, nada mejor para orar y comunicarnos con Nuestro Padre Celestial.
“Al Señor se le conoce en su silencio”
El silencio es a menudo el lugar en el que Dios nos espera, para que logremos escucharle a Él, en vez de escuchar el ruido de nuestra propia voz, más que callarse Dios, sucede con frecuencia que no le dejamos hablar. Debemos ejercitar la paciencia para descubrir la riqueza que hay en el silencio, valorarlo y entrar en ese momento de tranquilidad para hablar con nuestro Creador.
Hay demasiado ruido en nuestra vida. No sólo existe la sordera física, que en gran medida aparta al hombre de la vida social. Existe una falta de atención en nuestro oído con respecto a Dios, y lo sufrimos especialmente en nuestro tiempo. «¡Dios mío! No estés callado, no guardes silencio, no te quedes quieto, ¡Dios mío!» Sal 83,2.
El Hijo del Hombre fue cubierto en un gran silencio que envolvió la tierra, un gran silencio porque el Rey duerme. «La tierra temió sobrecogida» porque Dios se durmió en la carne y ha despertado a los que dormían desde antiguo. Dios en la carne ha muerto y el Abismo ha despertado. Las grandes cosas y acontecimientos requieren siempre del silencio.
No escuchamos a Dios, porque simplemente, ya no logramos captarle; son demasiadas las frecuencias diversas que ocupan nuestros oídos. Escribía san Ignacio de Antioquía que «quien ha comprendido las palabras del Señor, comprende su silencio, porque al Señor se le conoce en su silencio».
En Facebook se hizo viral un video que muestra a un pequeño niño predicando sobre Jesús en las calles con una fuerza inquebrantable.
La publicación ya ha alcanzado más de 6.5 millones de reacciones, 107 comentarios y ha sido compartida más de 105 mil veces.
En el video, el niño de 10 años alentó a millones al compartir la importancia de seguir la justicia de Dios y hacer el bien, así como obedecer a Dios conduce a la bendición. Preguntó «¿Prefieres ir al infierno o prefieres ir arriba?»
Luego mencionó el Salmo 23 , “El Señor es mi Pastor, nada me faltará”, enfatizando que ya tenemos lo que necesitamos por amor del Señor.
“¡Tienes que adorarlo para obtener la Palabra de Jesús, para obtener la Palabra de Dios! Tenemos que caminar a los pies de Jesucristo”, dijo el niño con firme convicción.
Por último, el niño gritó: «¡Probablemente no me conoces, pero yo camino en el ministerio de Dios!» Lo más sorprendente es, que luego comenzó a cantar con una voz poderosa.
En los comentarios muchas personas se sintieron bendecidas y animadas por el niño. Algunos otros hablaban sobre la gran sabiduría del niño, pese a su corta edad.
Incluso su prédica animó a una persona a volver a la iglesia. Willie Putman escribió: «Si este es un niño hablando así, es hora de yo vaya a la iglesia».
Otro escribió: «Él es una bendición, queda demostrado que la sabiduría no tiene edad»
Adam Gunton es un hombre de Littleton, Colorado, Estados Unidos a quien Dios liberó de su adicción a las drogas, la cual adquirió a los 11 años cuando le ofrecieron probar la marihuana y cocaína.
“Durante toda la escuela secundaria, pensé que era divertido. No tenía idea de que me llevaría a un refugio para personas sin hogar y no podría detener las peores drogas del planeta 10 años después”.
El joven se graduó de la escuela secundaria, fue a la universidad y comenzó a vivir su vida adulta, pero la adicción a las drogas seguía con él. Adam se había convertido en un adicto desesperado.
“Antes, usaba drogas y alcohol para divertirme. Pero después de eso, consumí drogas conscientemente para enmascarar mis emociones y pensamientos, y lidiar con la vida que me rodeaba. Me sumergí más y más en las drogas y el alcohol”, dijo.
En noviembre de 2015, Adam tomó una inyección de heroína y salió de casa conduciendo su automóvil. Momentos después, la policía lo encontró en medio de una sobredosis, al costado de la carretera. Sobrevivió y fue acusado de posesión de drogas.
Adam siguió con su vida y, a pesar de su consumo de drogas, consiguió un trabajo en Direct TV, una importante cadena de televisión, y se convirtió en un exitoso vendedor. Lo que nadie imaginaba era que incluso en su escritorio, había un cajón lleno de drogas.
Liberado por Dios
Un día, solo y desesperado en su habitación, Adám clamó a un Dios que aún no conocía. “No puedo dejar de usar esta droga, pero me está quitando todo”, confesó. En el mismo momento, el hombre escuchó una voz detrás de él que decía: «Ora».
Adam se volvió para ver quién lo decía, pero no había nadie. Así que se arrojó a los pies de la cama y gritó: «¡Dios!» “Cuando dije ‘Dios’, sentí unos brazos abrazándome. Incluso en los momentos más oscuros, incluso en el punto más bajo de mi vida, Él estaba conmigo y me amaba», testificó.
Adam obedeció y se unió al estudio bíblico. En el momento de la oración en círculo, se arrodilló y confesó su lucha: “Chicos, ayúdenme. No puedo parar. Lo usé de nuevo ”. Después de la reunión, un anciano cristiano llamado Carmen sintió ganas de orar por él.
“’¡En el nombre de Jesús, ansiedad, vete! Depresión, ¡vete! Adicción, ¡vete!’. Mientras oraba, sentí que el peso empezaba a dejar mis hombros y mi pecho”, informó Adam.
Luego, al ver un tatuaje oculto en la mano de Adam, Carmen expulsó al espíritu maligno, que finalmente se manifestó. A partir de ese día, el hombre no volvió a beber ni a consumir drogas, Jesús lo había liberado. Y terminó el programa de drogas con la ayuda de su discipulador.
Hoy, Adam dirige un ministerio de liberación de drogas llamado «Recuperando con propósito» y es el autor del libro «Desde las cadenas, hasta la salvación».
Por lo general, no pensamos en si el cielo y el infierno existen porque se mencionan claramente por su nombre en la Biblia. Pero, ¿está el purgatorio en la Biblia? Honestamente, no encontrará la palabra purgatorio mencionada en la Biblia, pero eso por sí solo no es prueba de que exista o no exista.
Lo que tenemos que hacer es mirar la Biblia para aprender lo que enseña sobre lo que sucede después de morir y ver si el purgatorio es una de esas opciones.
¿Qué es el purgatorio?
El purgatorio es una creencia que se enseña principalmente como una doctrina dentro de la Iglesia Católica Romana y no dentro de las doctrinas ortodoxas o evangélicas tradicionales. Así lo define el Catecismo de la Iglesia Católica.
«Todos los que mueren en la gracia de Dios, pero aún están imperfectamente purificados, tienen ciertamente la seguridad de su salvación eterna; pero después de la muerte se someten a una purificación, a fin de alcanzar la santidad necesaria para entrar en el gozo del cielo».
Al estudiar esto, es importante reconocer que el purgatorio no es un lugar para aquellos que están eternamente condenados, sino un lugar para aquellos que eventualmente terminarán en el cielo. Están en el camino de la purificación, pero todavía no han llegado a ese punto.
Necesitan pasar por un proceso de purificación final, que no está claro cuánto tiempo durará, y cuando ese proceso se complete en ese momento, estarán listos para el cielo.
Este lugar del purgatorio no es el cielo ni es el infierno, pero en mis palabras, es como un pre-cielo que te prepara para la llegada final. Algunos dirán que esta es la purificación final de los elegidos antes de que se les permita entrar al cielo.
¿De dónde vino la creencia en el purgatorio?
La creencia fundamental del purgatorio proviene de los libros conocidos como apócrifos, principalmente provenientes de 2 Macabeos. Estos libros están incluidos en la mayoría de las Biblias católicas.
Sin embargo, la mayoría de las religiones ortodoxas y evangélicas no ven estos libros como inspirados y no están incluidos como parte del canon bíblico. Debido a que la enseñanza que se desarrolló a partir de estos libros, necesitamos ver si la enseñanza del purgatorio se menciona o incluso se encuentra dentro del canon tradicional de las Escrituras.
¿Está el purgatorio en la Biblia?
Cuando intento responder la pregunta sobre el purgatorio en la Biblia, quiero ir a un pasaje que nos da una imagen vívida de la vida después de la muerte. Esa historia es el rico y Lázaro.
En esta historia, había un hombre rico que despreciaba a Dios y a Lázaro, que era un mendigo que ansiaba comerse las sobras que caían de la mesa de este hombre rico. Ambos hombres murieron y podemos vislumbrar lo que les sucedió después de su muerte.
“Llegó el momento en que murió el mendigo y los ángeles lo llevaron al lado de Abraham. El rico también murió y fue sepultado. En el Hades lo estaba atormentado, miró hacia arriba y vio a Abraham a lo lejos, con Lázaro a su lado.
Entonces lo llamó: ‘Padre Abraham, ten piedad de mí y envía a Lázaro a mojar la punta de su dedo en agua y refrescarme la lengua, porque estoy en agonía en este fuego’.
Mientras Jesús estaba contando la historia, fíjense que solo menciona dos destinos para las personas después de que mueren. El primero fue el seno de Abraham, que representaba un lugar adonde iban los espíritus de los justos después de la muerte. El otro es un lugar conocido como Hades, que es donde van los espíritus de aquellos que son injustos, que han rechazado a Cristo.
Dado que Jesús fue el que contó la historia, se esperaría que pintara una imagen precisa de la vida después de la muerte, lo que hace. Entonces, ¿está el purgatorio en la Biblia? Sorprendentemente, o tal vez no, el purgatorio no se menciona en esta historia bíblica ni tampoco el concepto.
Pensamiento final
Si eres católico o crees en el purgatorio y estás leyendo este artículo, esto no tiene la intención de desacreditarte de ninguna manera. Simplemente creo que de acuerdo con la Palabra de Dios, el sacrificio que Jesús hizo, fue suficiente para cubrir todos nuestros pecados y ofrecernos justicia.
La esperanza en su sacrificio es suficiente para hacerte digno de entrar al cielo. No es por lo que haces, sino por todo lo que él ha hecho por ti.