Alberto Del Grossi ingresa a Urgencias el viernes 13 de marzo de 2020. Son los días en los que, desde la antecámara de la pandemia, estamos entrando rápidamente en un tiempo trágico.
Solo tiene un leve malestar y cree que pronto estará en casa. En cambio, regresará a casa solo el 19 de mayo, después de meses de peleas con la Covid que lo han llevado a un paso de la muerte. Fue sometido a una sedación profunda y en el momento más crucial los médicos tuvieron que recurrir a EMCO (circulación extracorpórea).
La muerte detrás de la puerta
«Señora Del Grossi, deje el celular en la mesita de noche. Desafortunadamente, es posible que su esposo no pase la noche. El cuadro clínico sigue empeorando. Hicimos todo lo posible para detener el proceso, pero no había manera. Podría ser cuestión de horas».
Era la noche del 31 de marzo de 2020.
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No sé si Alberto conoce la historia Sette Piani de Dino Buzzati, muchos la consideran una historia más simbólica que de misterio. Habla de un hombre que ingresa al hospital casi por error, y que desde el séptimo piso desciende gradualmente todos los pisos, hundiéndose en una enfermedad que, al llegar a la planta baja, le lleva la muerte.
Alberto, más que nadie, tendría derecho a decir que Buzzati no es una historia fantástica y de terror, sino realista hasta el enésimo grado. La fragilidad nos toma por sorpresa y nos hace hundirnos hasta tocar el hueso desnudo de nuestro ser. Y al final de este viaje, un hombre puede encontrar la palabra «milagro».
Aquí estoy, estar en la enfermedad
Alberto Del Grossi también ha escrito un libro, un diario de su enfermedad y recuperación. Desde el título, ¡Aquí estoy! Historia de una oración viral (ediciones Ares), está claro que él no es el único protagonista y que el eje de la historia no es ni la enfermedad ni la recuperación.
Aquí estoy es el comienzo de todos los mensajes de Whatsapp con los que su esposa Chiara pidió rezar por su esposo durante los meses de enfermedad y con los que actualizaba una compañía cada vez mayor de personas que se sumaban al calvario de esta familia.
Bajo el aspecto de un diario, se trata de un auténtico testimonio de lo que es la oración en red. Y aquí el tema se pone candente. Uno de los hijos de Alberto, Matteo, lo entendió muy bien:
Pero entonces, ¿por qué rezo? ¿Para recordarle a Jesús que yo también estoy allí? ¿Y por qué nos reunimos unos cien por la noche para repetir las mismas palabras durante veinte minutos todas las noches? ¿Para encomendar a todos a Jesús? ¿Para preguntar qué queremos? ¿Para hacernos compañía?
¿Qué se le debe pedir a Dios?
Este es precisamente el punto. Las preguntas de Mateo cambian el horizonte de una trampa insidiosa: rezar para pedirle a Dios el milagro de la curación. Si es así, este libro hablaría de un milagro cumplido, de personas que le pidieron a Dios algo y recibieron una respuesta clara y positiva, aun pasando por meses de tribulación.
Pero sería un error leer esta trama de la vida de esta manera y despertaría el resentimiento justo de muchos que han orado con no menos sinceridad por parientes que no han sido sanados.
¿Oramos por lo que queremos? – se pregunta Matteo, intuyendo que es un eufemismo. El descubrimiento desarmador que un hombre de fe puede hacer en cada prueba es que su Padre Celestial quiere más que cumplir sus deseos, Dios quiere estar con cada uno en la prueba.
Una compañía en la oscuridad, este es el milagro
Desde el día de la hospitalización de Alberto, su esposa Chiara compartió con sus amigos el calvario al que de repente fue llamada su familia: un esposo y padre enfermo, que cada día se agrava más y al que no se puede atender.
La enfermedad y el aislamiento encontraron su opuesto en una oración diaria compartida que se expandió como los centros concéntricos de una piedra arrojada al estanque. Dios quiere que arrojemos la piedra, que la llamemos para hundirnos con nosotros en el peso de la realidad.
19:52 Chiara: “Aquí estoy. Lamentablemente, otra grave complicación hace que la Semana Santa sea de Alberto y que estemos viviendo un verdadero Vía Crucis. Realmente le pido al Señor que nos haga comprender su misterioso designio. Seguimos orando incesantemente para pedir el milagro de la recuperación de Alberto. Un abrazo».
En este mensaje, el milagro ya está ahí. Y está en el doble valor de ese Aquí estoy. Chiara dice aquí estoy a prueba de que su marido vive, vive el presente con un acto de disponibilidad acogedora.
Es un paso gigantesco poner un aquí estoy al comienzo de cada día, en lugar de una lista de cosas por hacer o miedos y ansiedades; es un milagro vivir así. Y tan pronto como una criatura cede a esta disponibilidad, Dios responde inmediatamente con su aquí estoy.
Chiara le escribe a alguien y ese alguien se convierte día a día en una compañía cada vez mayor. No estás solo en el momento de la prueba, aquí estoy yo y el milagro de Dios. La oración de Chiara se ha vuelto viral.
Una mujer que sobrevivió a un accidente que involucró a tres camiones y cinco autos, en Curitiba, Brasil, agradeció a Dios por sobrevivir y darle una nueva vida.
En el terrible accidente, murieron tres personas murieron y siete resultaron heridas. Maristela Furman do Valle fue una de la sobrevivientes, y le dio crédito a Dios por su nueva oportunidad. Luego de que su auto quedara completamente destruido.
“Agradeciendo a Dios porque me dio una nueva vida”, dijo Maristela, quien es asistente de laboratorio, sufrió varias lesiones en el cuerpo y una triple fractura en la cadera.
Igualmente, agregó que: “Lo que recuerdo es que en el momento en que llegué a la parada, me detuve detrás de un Punto negro y atrás de mí vino una camioneta negra dando una señal de advertencia por la parada. Estaba mirando por el espejo retrovisor y solo vi la camioneta. Me desmayé y no recuerdo nada más», declaró la mujer.
Informes revelaron que el accidente fue provocado por un camión que transportaba 54 toneladas de trigo y chocó con automóviles, que se habían detenido en un retén para realizar labores. El conductor del camión se realizó la prueba de alcoholemia, la cual no mostró consumo de alcohol.
«Lo que pudimos saber fue que este conductor informó que tuvo un desmayo, se quedó dormido o tuvo una enfermedad repentina y que no tuvo tiempo de frenar. Cuando reaccionó ya estaba encima del los coches», reveló la policía Samara Vieira.
De acuerdo con la Policía Federal de Carreteras, las tres víctimas fatales se encontraban en los autos que fueron aplastados por el camión.
Seguro has escuchado sobre santa Teresita del Niño Jesús y su camino de infancia espiritual. Un camino que consiste en tomar la actitud de los niños pequeños y dejarse conducir por la vida abandonados en los brazos de su Padre.
Volvernos como niños frente a Dios, confiar nuestra existencia plenamente a Él, lejos de lo lúdica y divertida de la infancia, es un camino exigente. Seguir este camino responde a un llamado por el que debemos discernir.
Es un hermoso medio que tenemos a disposición para transitar este camino de santidad. Constituye el legado de amor de esta santa por Dios, su misión misma.
«Presiento —dijo entonces— que va a comenzar la misión mía, la misión de hacer amar a Dios como yo le amo… la de dar mi caminito a las almas. Quiero pasar mi cielo haciendo bien en la tierra. No es esto imposible, puesto que en el seno mismo de la visión beatífica los ángeles velan sobre nosotros.
No, no podré tomar descanso alguno hasta el fin del mundo. Pero cuando el ángel haya dicho: ya no existe el tiempo, entonces descansaré, podré gozar porque el número de los elegidos será completo».
Aquí les dejamos un pequeño vistazo a este caminito espiritual.
1. Pequeñez y debilidad
«Mamá, no puedo. Es que soy pequeño». Cuántas veces hemos escuchado a nuestros hijos decir esto. Sin querer somos testigos de una pedagogía que nos muestra lo que significa el saberse pequeño y débil, necesitados absolutamente de sus padres.
Esta pequeñez y debilidad es de la que nos habla la santa y que constituye un verdadero camino de humildad. Como niño pequeño asombrado por un mundo tan enorme frente al que él se siente casi insignificante.
Necesitados de la grandeza y sostén de Aquel que nos dio la existencia misma. Una pequeñez que no aflige, sino que se alegra en el cuidado del Padre.
«No me aflijo —decía— al ver que soy la flaqueza misma. Al contrario, en ella me glorifico y me resigno a descubrir en mí cada día nuevas imperfecciones. Lo confieso: estas luces sobre mí nada me hacen mayor bien que si fueran luces sobre la fe».
2. Pobreza
Así como los niños que en casa de los padres saben que nada poseen, pero que aún así todo lo tienen porque lo que les basta es el amor proveedor de sus padres. Esa conciencia de saberse sin nada.
De no poseer nada propio, de entender que todo en nuestra vida es un don gratuito entregado por Dios. A esa pobreza de niño nos llama santa Teresita.
Sabiéndose pobre, poder esperarlo todo del Padre. Poder vivir sin apegos, olvidándose incluso de uno mismo. Sin ataduras a lo material, porque nada se tiene, y así poder corresponder plenamente a los mandatos de Dios.
Ser como niños que viven en el momento presente y que no necesitan nada más que la presencia vigilante de su Padre que garantiza su propia vida y seguridad.
«He notado muchas veces —escribe la santa— que Jesús no quiere darme provisiones. Me sustenta a cada instante con alimento del todo nuevo. Lo hallo en mí sin saber cómo está allí.
Creo sencillamente que es Jesús mismo oculto en el fondo de mi pobre corazón, el que obra en mí de un modo misterioso y me inspira todo lo que quiere que haga en el momento presente».
3. Confianza en Dios
Santa Teresita nos enseñaba que el amor de Dios, su misericordia y su justicia eran los fundamentos de la confianza plena. Como el niño que lo encuentra todo en el amor de su madre y en el cuidado de su padre.
Que habiendo podido cometer el más grande de los errores siempre encontrará perdón, consuelo y abrigo. Ante cualquier fracaso, encontrará esa mano que lo levante y le señale el camino, una y otra vez y otra vez.
Que frente al temor y la desolación comprenderá que el Padre está presente, aunque no lo podamos ver, que vendrá en nuestra ayuda en el momento indicado. Y que su presencia, aunque no sensible es real.
Dios entiende nuestra desesperación y tristeza y en paciencia de la espera va forjando nuestra alma para esperar confiadamente el encuentro del amor.
«Se obtiene de Dios todo cuanto de Él se espera».
4. El amor
Sin el amor de los padres la vida del hijo no existe. Sin esa sobreabundancia del amor de Dios, nosotros, pequeñas criaturas, nunca hubiéramos existido. Conocer ese amor nos hace entender que al rechazarlo nos podríamos perder para siempre.
Santa Teresita nos enseña que todo empieza en el amor y todo termina en el amor. Y, que «cuando se ama no se calcula», el amor lo da todo y no se guarda nada para sí mismo.
Sufrir por amor, gozar por amor y hacerlo todo por amor. Cada pequeña renuncia, cada pequeño sacrificio del día a día va alimentando el camino de amor a Dios. No se requieren de grandes acciones heroicas, el camino de renuncia cotidiana basta.
Este amor del que habla santa Teresita en un amor que llega al extremo de cargar sobre sus hombros el peso de las faltas de otros hasta entregar la vida misma. ¿Quién podría entregarse por amor a otro hasta dejarse la vida? Cristo y a imagen de Él y con ayuda de la gracias de Dios, tal vez nosotros.
La escena de esos niños pequeños, hermanos muy queridos. El error de uno puede ser el castigo de otro. Qué hermoso es ver cuando uno asume la carga por los dos: «Fui yo mami, ella es muy pequeña. La culpa es toda mía».
En palabras inocentes de pequeños hermanos vemos esa huella, esa semilla de grandeza alimentada por el amor mismo que puede llegar a la plenitud de la entrega.
«A la hora de mi muerte, cuando yo vea a Dios tan bueno que querrá colmarme de ternuras durante toda la eternidad y que yo nunca jamás podré ya probarle la mía con sacrificios, esto me será imposible de soportar si no he hecho yo en la tierra todo cuanto haya podido para complacerle» (Espíritu de Santa Teresita).
5. El santo abandono
El santo abandono, superior a la confianza, es entregarse a la acción divina. Otorgar el manejo absoluto de nuestra existencia a las manos de Dios.
Todas estas grandes virtudes son imposibles de alcanzar por nuestro propio mérito. Abandonarse a la acción de Dios, libre, voluntariamente y por amor. Para llegar a la grandeza necesitamos que la grandeza misma tome el control absoluto de nuestras vidas.
Para seguir el camino de la santidad, en lo grande, en lo pequeño y cotidiano, es absolutamente necesaria la gracia de Dios. Hacia allí conduce el sentirse pequeño, pobre, débil, humilde, confiado y amante de Aquel que lo da todo.
«El total abandono, esa es mi única ley. Descansar sobre su corazón, muy cerca de su rostro. ¡Ese es mi cielo!».
6. El celo
Amor intenso que consume. Amor profundo a Dios se transforma en llamas que acrisolan la propia alma que ya no puede vivir sin arder en el amor divino. Ese es el celo que tiene que ver con el cuidado, con el no poder vivir sin amar y amar cada vez más y mejor.
Lejano de los celos que nos consumen porque necesitamos gobernar y poseer a aquel de decimos amar. El celo libera, el celo se vuelve detallista, es un amor desinteresado, reverente, fiel, que nada lo espera, todo lo entrega, se propaga y se «contagia» de ese fuego para que lo pueda consumir todo.
Ese celo del que nos habla del «gusto» de estar con Dios. De esos niños que gritan a sus amigos «ven conmigo, que aquí se está bien». Santa Teresita nos deja en este celo la tarea de conseguir almas para Cristo.
«En el corazón de la Iglesia, Madre mía, yo seré el amor… Mis hermanos trabajan por mí, y yo, pobre niñita, permanezco junto al trono real: Amo por los que combaten» (Historia de un Alma, c. XI).
7. La sencillez
La sencillez de un niño se mide en su autenticidad, por ser él mismo, sin temor de presentarse con lo poco o con lo mucho. Es algo tan bonito, tan cautivante por la pureza de su presentación. Esa sencillez sincera, que ubica la bondad con rapidez, que no se enreda ni cuestiona, que simplemente ama.
«No tengo valor —decía— para sujetarme a buscar hermosas oraciones en los libros: no sabiendo cuáles elegir, hago como los niños que no saben leer: digo sencillamente a Dios lo que quiero decirle y siempre me comprende».
El pasado 19 de septiembre, un miembro de la Congregación Cristiana de Brasil, en Santo André, San Pablo, fue asaltado mientras estacionaba su automóvil frente a la iglesia.
Los ladrones se llevaron su auto, el instrumento con el que que solía tocar en la iglesia y su billetera. Pero por alguna razón, los asaltantes se arrepintieron y devolvieron todos los bienes, e incluso escribieron una carta pidiendo perdón.
El primer acto de arrepentimiento, fue que los asaltantes abandonaron el vehículo en otro barrio con la llave y billetera con todos sus documentos, los cuales fueron encontrados horas después.
Al día siguiente, los bandidos fueron captados por cámaras de la iglesia, yendo al lugar para dejar el instrumento musical, junto con una carta pidiendo perdón por lo sucedido.
Las imágenes que circulan en las redes sociales, muestran a dos personas dejando el saxofón en su estuche sobre la puerta de la iglesia, luego levantan las manos, se arrodillan y ponen la cara en el suelo orando a Dios.
Junto con el instrumento, se encontraron dos cartas. “Señor Dios mío, perdona mis pecados y alivia este dolor de mi corazón. ¡Solo el Señor sabe cómo es mi vida! ¡Estoy devolviendo lo que es del Señor que rescata las almas! ¡Espero que un día pueda liberarme! Te amo Señor”, decía una de las cartas.
En la otra carta, los agresores se disculparon con la víctima. Según los informes, los asaltantes se habrían quedado con una copia de la Santa Biblia.
Hay dos ladrones colgados de una cruz junto a Jesús. Uno se burla, el otro muestra un poco de fe y le pide a Jesús que lo recuerde cuando Jesús entre en Su reino. “Jesús le responde: ‘De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso‘”.
¿Por qué no dice, “hoy estarás conmigo en el cielo”? ¿Qué es el paraíso y qué es el cielo? ¿Es una especie de tanque donde van los creyentes antes de la resurrección? ¿O el paraíso es el lugar adonde iban los santos del Antiguo Testamento cuando morían, pero después de la resurrección, cuando la gente muere, iban al cielo? ¿Es el paraíso un lugar diferente al cielo?
Sí. Y no. Responderé a esta pregunta explicando un poco sobre la palabra paraíso y dónde aparece en la Biblia. Pero también es importante comprender un poco sobre el cielo y los cielos nuevos. Con suerte, al final, comprenderá por qué la respuesta es sí y no.
¿Dónde habla la Biblia del paraíso?
Paraíso es una palabra que probablemente se tomó prestada de los persas. Significa «jardín». La palabra aparece en el Antiguo Testamento hebreo solo en tres lugares donde se refiere a un parque ( Ec. 2: 5 ), un bosque ( Neh. 2: 8 ) y un huerto ( Cantar de los Cantares 4:13 ).
El significado religioso, jardín de Dios o Paraíso, entró en el pensamiento y el vocabulario judío después del exilio babilónico, se combinó con la esperanza de un escatón bendito y aparece en los apócrifos y con frecuencia en otros escritos judíos tempranos.
Así, en la época del Nuevo Testamento, el paraíso se convirtió en sinónimo de descansar en la presencia de Dios. La palabra paradeisos solo aparece tres veces en el Nuevo Testamento.
Es sorprendente que la palabra paraíso solo aparezca seis veces en las Escrituras. Y, sin embargo, el concepto de la presencia de Dios con la humanidad está por todas partes.
¿Qué es el paraíso y qué es el cielo?
Si usamos la más simple de las definiciones para paraíso y cielo, vemos que son prácticamente sinónimos. Ambos se refieren a un lugar de felicidad que está lleno de la buena presencia de Dios.
En 2 Corintios 12: 4, Pablo parece referirse al «tercer cielo» y al «paraíso» como el mismo lugar. Cuando Jesús le dice al ladrón que estará con él en el paraíso, ciertamente no está mal conectar esto con la declaración de Pablo de que «partir» es estar en la presencia de Jesús.
Entonces, para responder qué es el paraíso y es el cielo, debemos preguntarnos, ¿son el paraíso y el cielo la misma cosa? Creo que la respuesta a esa pregunta depende de lo que entiendas por cielo.
Cuando un creyente en Cristo muere hoy, ¿van al cielo? Sí. Cuando un creyente en Cristo muere hoy, ¿va al paraíso? Sí. En ese sentido, los dos son sinónimos. Pero el cielo de hoy no será el mismo que el de mañana.
Conclusión
¿Qué es el paraíso y qué es el cielo? Bueno, depende de tu definición. ¿Estás hablando de ubicación? Si es así, ¿se refiere al cielo nuevo / tierra nueva o al cielo tal como existe actualmente? Si quiere decir como existe actualmente, creo que puede hacer un argumento de calidad de las Escrituras de que los dos son sinónimos.
Pero el paraíso / cielo que existe actualmente no es el mismo que nos espera por toda la eternidad cuando Cristo regrese. Esperamos la resurrección, nuestra última y bendita esperanza. Hasta entonces, cuando muramos, sabemos que estamos en la presencia de Cristo.
La familia es la iglesia doméstica, una escuela de amor y virtud. ¿Cómo podemos enseñar a nuestros hijos a vivir esos valores para crear y fomentar a través de hábitos prácticos el respeto por la vida, la experiencia de la fe y el deseo de un destino de eternidad?
Escribir la historia de tu familia
Anima a tus hijos y a otros integrantes de la familia a escribir algunas de las historias más relevantes que hayan marcado sus vidas. Recolecta artículos, historias o libros que tú u otras personas hayan escrito sobre la familia. Crea un árbol genealógico, ya que proporciona una perspectiva para aquellos que no pueden recordar a sus bisabuelos. La familia ocupa un lugar importante en la vida de cualquier persona y es bueno conocer su historia.
Rezar y compartir la Palabra de Dios
Aunque cada uno tenga un espacio o tiempo de oración personal, se sabe que la oración compartida con otros es muy especial porque el mismo Jesús ha dicho “donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos.” (Mateo 18, 20).
Una oración por más simple que sea, al compartirse invita a la presencia de Dios y nos mantiene unidos. Esta se puede incorporar en la rutina familiar con mucha sencillez y pocas palabras. Cada día es una bendición y tomarse un momento para elevar unas palabras al cielo hará una diferencia ante todo tipo de circunstancias que nos tocan vivir como familia.
Empezar o terminar el día con una oración
Por la mañana la oración es un despertar del corazón y de la mente que nos predispone a estar positivos y hacer tareas con más felicidad y confianza. Una breve oración por la mañana en el desayuno, antes de salir de casa o en el coche camino al colegio o al trabajo, nos pone en presencia de Dios y nos ayuda a visualizarlo a lo largo del día.
Otra gran oportunidad es rezar por la noche al ser un tiempo de invitación al reposo. Antes de meterse en la cama o ya estando en ella, se puede hacer una breve oración con los hijos y darles un beso de buenas noches. Este hábito les ayuda a hacer un examen de conciencia, a agradecer el día y pedir por sus sueños y un buen descanso en Dios.
Compartir el Evangelio
La Palabra de Dios va moldeando nuestros pensamientos y nos aporta sabiduría para la vida. Por eso, busca modos de hacer llegar esas palabras a tu casa. Puedes poner la cita bíblica del domingo en un lugar que esté a la vista como la puerta de la nevera o cerca de la puerta de entrada de la casa. Otro modo es incluir alguna cita en las tarjetas de Navidad o utilizar algunas para leer en las comidas o en el mismo momento de la bendición de la mesa.
Bendecir los alimentos es un acto de gratitud con Dios y de humildad.
Bendecir los alimentos
El mismo Jesús bendijo los alimentos y siguiendo la tradición de los primeros cristianos, la oración en la mesa por breve que sea está llena de gratitud, súplica y alabanza. Es una oración muy completa con pocas palabras. Con ella sabemos que necesitamos ser cuidados pero no solo para tener un plato de comida, sino para dejar que nos nutra y nos brinde salud y bienestar.
Crear un espacio físico para Dios en el hogar
Es bueno tener en casa un lugar de oración con libros, objetos religiosos e iconos al cual acudir. Puede ser incluso un pequeño pero bonito altar que invite a encontrarnos con Dios. De hecho, puede ser utilizado como punto de encuentro para la familia al rezar juntos el Santo Rosario o poner en común alguna intención especial en momentos concretos en que un integrante de la familia lo necesite.
Crear memorias, rituales y tradiciones
La historia y los rituales nos unen y expresan nuestros valores. Nos ayudan a crear un sentido de identidad, seguridad y pertenencia creando recuerdos compartidos. Tanto los días festivos como las celebraciones y fechas especiales que vivimos en familia son motivos para celebrar la vida e incluso recordar a los que nos han precedido como un don de Dios.
La celebración es una expresión de amor en familia.
Celebrar ocasiones especiales
Las celebraciones familiares como días festivos, vacaciones, aniversarios y fiestas de cumpleaños, brindan ocasiones familiares alegres para todos y a menudo es la única ocasión en la que podemos encontrarnos todos. Cuando las familias se juntan, hablan y comparten su historia. Deja que los recuerdos fluyan libremente y no dejes pasar esos momentos valiosos.
Guardar y tomar fotografías
Nunca es demasiado tarde para comenzar un álbum de fotografías de la familia extendida. Pídele a los miembros de tu familia que hagan copias de algunas de sus fotos favoritas de las fiestas o reuniones pasadas. Comienza a grabar vídeos o tomar más fotos para luego poder organizar una presentación de diapositivas familiares durante algún evento familiar.
Conservar tesoros familiares
Conserva reliquias familiares, ya que son excelentes para iniciar conversaciones. Algo tan simple como una pintura de la abuela puede traer recuerdos de varias generaciones y nos ayuda a apreciar más las cosas. Haz que los niños hagan dibujos de algo importante para ellos como sus casas, mascotas, amigos e inclúyelos en un álbum. Puede que los dibujos no parezcan tan relevantes en este momento, pero en unos años todos disfrutarán mirándolos.
Lo que ocurre en nuestros hogares moldeará quiénes serán nuestros hijos cuando sean mayores.
Compartir el compromiso cristiano
Gran parte de lo que ocurre en nuestros hogares moldeará quiénes serán nuestros hijos cuando sean mayores y lo que harán en el mundo. Es importante ser intencionales sobre la vida de fe en el hogar y poner la energía en formar relaciones duraderas teniendo en cuenta los recursos de la gracia y los buenos ejemplos.
Celebrar con alegría los Sacramentos
Los sacramentos son mucho más que una ceremonia para la cual tenemos que prepararnos. Son formas en que Dios se acerca a nosotros y nos ofrece un regalo para toda la vida, un regalo de gracia de amor para compartir con los que nos rodean. Conocer la historia de cómo se desarrolló un sacramento en particular es una forma útil de reavivar nuestro respeto por su práctica. Podemos enseñarles a nuestros hijos que recurrir a la Eucaristía con regularidad así como buscar la reconciliación con frecuencia, son recursos que nos fortalecen como familia.
Buscar fomentar buenas amistades
Es clave enseñar a los hijos el valor de las relaciones y buscar formar relaciones profundas con amigos que compartan la fe. Esto no siempre es posible dependiendo de dónde uno vive, pero es verdad que las personas con las que pasamos más tiempo, suelen ser las que más nos influyen. Tener amigos cristianos cerca contribuye en gran medida a acercarnos a Dios.
Seguir modelos de santidad
La vida de los santos nos ayuda a trabajar virtudes. Esas historias heroicas pueden llenarnos de inspiración, incluso las de aquellas familias cristianas que han sido un ejemplo de superación y esperanza para otros. Una manera de acercarnos a ellas es a través de la lectura o las películas tanto para adultos como para niños, así como también celebrando aquellos días en los cuales se conmemora la fiesta de los santos especialmente si alguien de la familia lleva el nombre de alguno.
Apoyar la comunidad de fe
Nuestra fe no es un asunto privado. Como familia somos parte de una comunidad cristiana. Las familias deben estar vinculadas a una parroquia sabiendo que ser feligreses también significa participar activamente en otros espacios y más allá de la Misa dominical.
Vivir los eventos de la parroquia en casa
Muchos eventos están relacionados con el calendario litúrgico. Esto puede servir como un gran vínculo entre la parroquia y el hogar. Las tradiciones familiares durante el Adviento o la Cuaresma están llenas de vínculos explícitos con la vida parroquial. Por ejemplo, a principios de noviembre nuestros hijos pueden escribir los nombres de sus seres queridos difuntos en el libro de oración de la parroquia y luego ser conscientes de rezar por ellos todo el mes.
Participar de un acto de servicio en familia
Ayudar en el comedor de la parroquia por ejemplo nos enseña que la fe debe expresarse en acciones. Puede ser leyendo, cantando, sirviendo en el altar o pasando la colecta un modo de hacer un aporte. Los niños incluso pueden poner su propio dinero participando de una donación a causas dignas, así como también participar de obras de caridad con su tiempo y en contacto con los necesitados.
Recibir a invitados con amor y hospitalidad
Una de las características de la familia cristiana es tener un hogar abierto a los demás con una disposición cordial y generosa. Darle la bienvenida y recibir a otros en nuestro hogar significa que invitamos a alguien que necesita un plato de comida o una palabra de aliento. Mostrar a nuestros hijos que amamos compartir nuestras bendiciones y compartir el gozo de nuestra familia con los demás es una lección que permanecerá con ellos para siempre.