El Papa Francisco ha propuesto este domingo, en la Eucaristía del Corpus Christi en la basílica de San Pedro, una «Iglesia de puertas abiertas, una sala grande donde todos pueden entrar» frente a «la Iglesia de los perfectos y los puros» que es «una habitación en la que no hay lugar para nadie».
«La Iglesia debe ser una sala amplia. No un círculo pequeño y cerrado, sino una comunidad con los brazos abiertos de par en par, acogedora con todos. Preguntémonos: cuando se acerca alguien que está herido, que se ha equivocado, que tiene un recorrido de vida distinto, ¿la Iglesia es una sala amplia para acogerlo y conducirlo a la alegría del encuentro con Cristo?», ha señalado.
Esta imagen también la ha trasladado a nivel individual para decir que si nuestro corazón «no tiene una habitación amplia se parece a un depósito donde conservamos con añoranza las cosas pasadas, un desván donde hemos dejado desde hace tiempo nuestro entusiasmo y nuestros sueños».
Y ha añadido: «Si se parece a una sala angosta y oscura porque vivimos solo de nosotros mismos, de nuestros problemas y de nuestras amarguras, entonces será imposible reconocer esta silenciosa y humilde presencia de Dios». Porque, según ha dicho, «la presencia de Dios es tan humilde, escondida, en ocasiones invisible, que para ser reconocida necesita de un corazón preparado, despierto y acogedor».
Necesitados de Dios
Por otra parte, Francisco ha apuntado que para celebrar la Eucaristía es necesario reconocer que necesitamos a Dios, que no podemos salir adelante solos. «Se han extinguido las preguntas sobre Dios, se ha desvanecido el deseo de Él, son cada vez más escasos los buscadores de Dios. Dios no atrae más porque no sentimos ya nuestra sed profunda», ha constatado. Por eso, ha recalcado que como Iglesia no es suficiente el grupito de asiduos, sino que hay que «ir a la ciudad, encontrar a la gente, aprender a reconocer y a despertar la sed de Dios y el deseo del Evangelio».
Finalmente, se ha referido a la entrega de Jesús en la Eucaristía, de la que tienen que ser partícipes todos los cristianos: «No puedes partir el Pan del domingo si tu corazón está cerrado a los hermanos. No puedes comer de este Pan si no compartes los sufrimientos del que está pasando necesidad».
El Papa Francisco ha pedido este domingo a religiosos y políticos que colaboren en Canadá para esclarecer lo ocurrido en el reciente hallazgo de una fosa común con restos de 200 niños indígenas en un antiguo internado que perteneció a la Iglesia católica en la provincia canadiense de Columbia Británica, en el oeste del país, informa EFE.
«Me uno a los obispos canadienses y a toda la Iglesia católica en Canadá para expresar mi cercanía al pueblo canadiense traumatizado por la chocante noticia. El hallazgo incrementa la conciencia del dolor y del sufrimiento del pasado. Que las autoridades políticas y religiosas de Canadá sigan colaborando con determinación para aportar luz sobre ese triste suceso y se comprometan con humildad a recorrer un camino de reconciliación y sanación», ha dicho tras el ángelus.
«Estos momentos difíciles son un fuerte llamamiento para todos nosotros, para alejarnos del modelo colonizador, también de las colonizaciones ideológicas de hoy, y para que caminemos juntos en el diálogo, el respeto recíproco, en el reconocimiento del derechos y el valor cultural de todos los hijos e hijas de Canadá», ha continuado.
Finalmente, el Papa ha invitado a encomendar al Señor las almas de todos los niños que murieron en los internados de Canadá y a rezar por las familias y comunidades nativas canadienses, que se encuentran sumidas en el dolor. «Recemos en silencio», ha dicho.
Los hechos
Los restos se hallaron en la antigua residencia escolar Kamloops, que fue administrada por la Iglesia Católica entre finales del siglo XIX y los años 60 del siglo pasado, como parte de un sistema en el que más de 150.000 niños indígenas fueron educados por el Gobierno canadiense o instituciones eclesiásticas entre 1831 y 1996.
En 2015, la Comisión para la Verdad y la Reconciliación de Canadá determinó que muchos niños de comunidades indígenas fueron víctimas de abusos físicos y sexuales, lo que causó además la muerte de al menos 4.000 de ellos por enfermedades, negligencia, malnutrición, accidentes o maltrato en esos internados.
Expertos en derechos humanos de Naciones Unidas reclamaron el pasado 4 de junio a Canadá y al Vaticano que investiguen lo sucedido, mientras que el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, exigió ese mismo día disculpas a la Iglesia Católica.
Este festival se originó en Francia a mediados del siglo XIII. Posteriormente fue ampliado a toda la Iglesia por el Papa Urbano IV en 1264. En el Vaticano, el Corpus Domini se celebra el jueves siguiente a la solemnidad de la Santísima Trinidad. En cambio, en varias diócesis se traslada el domingo después de la Santísima Trinidad, por una cuestión pastoral.
Las dos manifestaciones del cuerpo de Cristo
Esta fiesta nos llama a centrarnos en dos manifestaciones del Cuerpo de Cristo: la Sagrada Eucaristía y la Iglesia. De hecho, la oración de apertura de la Misa llama nuestra atención sobre la pasión y muerte de Jesús y sobre nuestro culto a él, especialmente en la Eucaristía. En cada Misa se llama la atención sobre la Eucaristía y la presencia real de Cristo en ella.
El enfoque secundario de esta fiesta es cómo el Cuerpo de Cristo está presente en la Iglesia. La Iglesia se llama Cuerpo de Cristo por la íntima comunión que Jesús comparte con sus discípulos. Se expresa en los Evangelios utilizando la metáfora de un cuerpo en el que Él es la cabeza. Esta imagen ayuda a enfocarse tanto en la unidad como en la diversidad de la Iglesia.
Cómo se celebra la Solemnidad
La fiesta del Corpus Domini se usa comúnmente como ocasión para las procesiones eucarísticas públicas, que sirven como un signo de fe y adoración comunes. Nuestro culto a Jesús, en Su Cuerpo y Su Sangre, nos llama a ofrecer a Dios, nuestro Padre, una prenda de amor indiviso y una ofrenda de nosotros mismos al servicio de los demás.
En un increíble testimonio compartido para Radio María Argentina, el padre Patricio Hileman relató un asombroso hecho sucedido una noche en Ciudad Juárez, al norte de México.
Ciudad Juárez atravesaba una terrible guerra de facciones de narcotraficantes entre los cárteles de Juárez y Sinaloa, motivo por el cual el Estado impuso un estado de sitio.
A raíz de este contexto de violencia y muerte que azotaba terriblemente la ciudad, una parroquia solicitó autorización para abrir una capilla de adoración eucarística perpetua. En solo tres días pudieron organizar el establecimiento de la pequeña instalación.
Una noche, a las 3 de la mañana, una señora salió de su casa en medio del estado de sitio para dirigirse a la adoración eucarística y hacer su turno de Hora Santa.
Mientras caminaba la interceptaron seis militares armados: “¿Qué hace a esta hora y hay estado de sitio?”, dicen los soldados a la mujer.
-“Voy a la capillita de adoración perpetua”, contesta la mujer.
-“Qué capillita si está todo cerrado aquí”, responde el soldado.
-“Pues venga conmigo”, le dice la señora.
Entonces los militares siguieron a la mujer hacia donde se dirigía y encontraron a otras seis mujeres haciendo la Hora Santa a las 3 de la mañana.
Entonces la mujer les dijo: “¿Ustedes creen que nos protegen a nosotros? Nosotros estamos 24 horas por día rezando por ustedes“. El muchacho que había hablado con ella al comienzo, cayó de rodillas con su arma frente al Santísimo Sacramento.
Al día siguiente a las 3 de la mañana, vieron al soldado de civil, haciendo la Hora Santa llorando y conmovido.
Descenso de muertes en Ciudad Juárez
Según comenta el padre Hileman, el sacerdote de la capilla de adoración eucarística perpetua lo llamó al poco tiempo y le dijo que desde que se había inaugurado la capilla, no había habido ni un solo muerto en Ciudad Juárez durante los dos meses transcurridos.
La iniciativa continuó e instalaron otras diez capillas similares. Entonces un obispo llamó al sacerdote un año después para contarle que en Ciudad Juárez, al momento de abrir la capilla, había pensado en cerrar el seminario porque solo tenía ocho seminaristas. Sin embargo, a continuación le contó que después de un año de la iniciativa de adoración eucarística perpetua, ¡el número de seminaristas había subido a 88!
Todos los muchachos que ingresaron eran muchachos que habían realizado su Hora Santa en la capilla.
Ya hemos escuchado en estos días que Tobit, después de haber realizado una obra de misericordia , enterrando a un muerto, estaba en su casa y unos excrementos de gorrión lo cegaban. Lo apoyaban su hermano y su esposa, y con ella había luchado. Tobit estaba tan enfermo que rezó su oración deseando la muerte.
Posteriormente, la lectura muestra a Sara, la futura nuera de Tobit, también muy triste, ya que se había casado y “enviudado” siete veces.
Tanto Tobit como Sarah le pidieron a Dios que los dejara morir; Sin embargo, pronto se dio cuenta de que Sara su petición estaba mal y clamó por misericordia.
La ceguera, el fracaso de las relaciones y otras dolencias son pruebas reales que pueden afectar a cualquiera. Solo por Dios es posible “dar la vuelta”, con Dios, con buenos amigos y hay casos en los que se necesita un seguimiento profesional. Pero una persona nunca debe ceder a la tristeza y vivir las cosas sola.
Si eres así, habla con Dios y habla con un amigo, pídele ayuda a una persona madura. No te avergüences de pedir ayuda, es bueno sonrojarse de vergüenza ante Dios y ante una persona, esto significa humildad.
Finalmente, en el fondo, siempre queremos mostrarnos fuertes frente a los demás, pero no necesitamos actuar así, más fuertes seremos si reconocemos nuestras debilidades y actuamos con sinceridad y decimos «Ven, oh Dios, en mi ayuda! » y también «¡Hermano, ayúdame!»
¿Conoce a alguien que esté pasando por un momento difícil? Anímelos a buscar la fe y el compartir.
El cardenal Reinhard Marx, un purpurado con gran peso en Alemania, Europa y el Vaticano, ha presentado su renuncia como arzobispo de Múnich por su parte de responsabilidad «en la catástrofe de los abusos sexuales cometidos por funcionarios de la Iglesia en las últimas décadas».
La renuncia de Marx a continuar dirigiendo la diócesis de Múnich, una de las más importantes de Alemania, recuerda a menor escala la de Benedito XVI en su aspecto pedagógico.
El arzobispo tiene solo 67 años y la dimisión no suele presentarse hasta los 75, el purpurado alemán es un auténtico «peso pesado» como expresidente de la Comisión de Episcopados de la Comunidad Europea (COMECE), antiguo presidente de la Conferencia Episcopal Alemana (2014-2020), coordinador del Consejo de Economía del Vaticano –encargado de supervisar la secretaría de Economía–, y miembro del consejo de nueve cardenales que asesoran al Papa desde 2013 en la reforma de la Curia y el gobierno de la Iglesia universal.
En su carta de dimisión, Marx comenta crudamente a Francisco que vivimos «tiempos de crisis para la Iglesia en Alemania y en todo el mundo», causada por diversos factores «entre los que se incluyen nuestros propios fallos, nuestra propia culpa».
Su renuncia se debe a que «es importante para mí compartir la responsabilidad en la catástrofe de abusos sexuales cometidos por funcionarios de la Iglesia en las últimas décadas», pues las investigaciones externas realizadas prueban que «ha habido muchos fallos personales y errores administrativos, pero también un fallo institucional sistémico».
Su fuerte gesto de sacudida a todo el establishmenteclesial alemán sale al paso de que «algunos miembros de la Iglesia se niegan a aceptar que existe una responsabilidad colectiva en este tema y que la Iglesia como institución tiene la culpa de lo sucedido, por lo que rechazan discutir la reforma y la renovación en el contexto de la crisis de los abusos sexuales».
Marx reitera que la salida del marasmo «solo es posible si tomamos un camino sinodal, un camino de discernimiento de espíritus, como usted ha enfatizado repetidamente en su carta a la Iglesia en Alemania».
En un tono confiado y amistoso, Marx pide «vigorosamente» al Papa que acepte su renuncia, y le confirma su deseo para los próximos años: «Me gustaría dedicarme cada vez más a la atención pastoral y a apoyar la renovación eclesiástica de la Iglesia que usted pide de modo incesante». La respuesta de Francisco a este «terremoto» será clarificadora para muchos obispos en todo el mundo.